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Del 11 de Septiembre a la pandemia: se rechaza el debate

Los célebres “tres monos sabios” ilustran un precepto chino: “No ver el Mal, no escuchar ‎el Mal, no decir el Mal.” Pero también podrían ilustrar la cobardía reinante en Occidente, ‎donde se hoy se imponen 3 principios básicos: no ver la Verdad, no oír la Verdad y no decir ‎la Verdad.‎

Política
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Las conmemoraciones alrededor del 20º aniversario de los atentados del 11 de septiembre ‎de 2001 han permitido comprobar la existencia de dos narraciones totalmente contradictorias. ‎Una de ellas se repite sin descanso en la prensa escrita y audiovisual y la otra, diferente, puede ‎verse en la prensa digital. Según la prensa escrita y audiovisual, al-Qaeda había declarado la ‎guerra a Occidente y urdió un crimen espectacular. Pero en la prensa digital se denuncia que ‎aquellos atentados sirvieron para ocultar un golpe de Estado interno en Estados Unidos. ‎

Sin embargo, toda discusión entre los defensores de cada una de esas dos versiones resulta ‎imposible porque una de las partes –los partidarios de la versión oficial– se niega a aceptar ‎el debate. Los defensores de la versión oficial clasifican a todo aquel que la cuestione como ‎‎«complotista», «conspiracionista» o «conspiranoico». Según ellos, quienes contradicen la ‎versión oficial son, en el mejor de los casos, simplemente imbéciles, y en el peor, gente ‎malintencionada, cómplices –voluntarios o no– de los terroristas. ‎

Esa forma de desacreditar el desacuerdo se extiende ahora a todo acontecimiento político de ‎importancia. Con ello, la visión del mundo que tiene cada uno de esos bandos se distancia ‎cada vez más de la otra. ‎

‎¿Cómo ha podido surgir una fractura tan grande entre conciudadanos en sociedades que dicen ‎aspirar a la democracia? Esa pregunta resulta especialmente importante en la medida en que ‎la reacción ante esa fractura –ni siquiera es la fractura en sí– hace imposible la práctica ‎democrática. ‎

UNA CONCEPCIÓN ESTRECHA DEL PERIODISMO

Hoy nos dicen que el papel del periodista es reportar fielmente lo que ha visto. Sin embargo, ‎cuando un medio de prensa local nos interroga sobre algún tema que conocemos y luego vemos ‎como tratan ese tema, lo que generalmente sentimos es decepción. Tenemos la impresión de ‎no haber sido comprendidos. Hay quienes se consuelan diciéndose que tuvieron la mala suerte de ‎tropezar con un pésimo periodista y así alimentan su propia confianza en los medios masivos de ‎difusión. Otros, al ver como se deforman las cosas en el tratamiento de temas menores, ‎se preguntan cuán grande puede ser esa deformación cuando se trata de temas realmente complejos.‎

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