banner censura diariocolmenar

¿Para qué sirve controlar el Consejo General del Poder Judicial?

FUENTE: CGPJ RTVE

Política
Typography
  • Smaller Small Medium Big Bigger
  • Default Helvetica Segoe Georgia Times

Valoración del Usuario: 5 / 5

Star ActiveStar ActiveStar ActiveStar ActiveStar Active
 

La ciudadanía siempre ha dado poca importancia al reparto de jueces en el Consejo General del Poder Judicial que PP y PSOE, juntos, han perpetrado durante las últimas 13 legislaturas de democracia. Siempre ha parecido algo normal y la gente no hablaba de ello por la calle, y mucho menos por el metro. Quizás minimizamos el problema, no le damos la importancia que realmente tiene y subestimamos el peso, que en una democracia moderna y de calidad, tiene la separación de poderes real.

“Montesquieu ha muerto” dijo un tal Alfonso Guerra cuando en 1985 el partido socialista aprovechó la mayoría parlamentaria que tenía para reformar la Ley del Poder Judicial destruyendo la independencia del tercer poder. Charles Louis de Secondat, señor de la Brède y barón de Montesquieu (1689-1755) fue un filósofo y jurista francés del movimiento de la ilustración. Es uno de los filósofos y ensayistas más importantes, sobre todo por la teoría de la separación de poderes, que hoy día es ley en muchos países, pero no en el nuestro. Repasemos algunas de las afirmaciones de Montesquieu:

 «En cada Estado existen tres clases de poderes: la potestad legislativa, la potestad ejecutiva de las cosas que proceden del derecho de gentes y la potestad ejecutiva de aquellas que dependen del derecho civil.»

 «En virtud de la primera, el Príncipe o Magistrado hace leyes transitorias o definitivas, y enmienda o deroga las existentes. Por la segunda, hace la paz o la guerra, envía o recibe embajadas, establece la seguridad pública y previene las invasiones. Por la tercera, castiga a los criminales, o determina las disputas que surgen entre los particulares. Se dará a esta última el nombre de potestad de juzgar, y la otra, simplemente, la potestad ejecutiva del Estado”.»

 «Cuando en la misma persona o en el mismo cuerpo de magistratura, la potestad legislativa y la potestad ejecutiva están reunidas, no puede haber libertad; porque se puede temer que el mismo monarca o senado pueda hacer leyes tiránicas, para ejecutarlas tiránicamente.»

 «De nuevo, no hay libertad, si la potestad de juzgar no está separada de la potestad legislativa y de la ejecutiva. Si estuviese unido a la potestad legislativa, el poder sobre la vida y la libertad de los ciudadanos sería arbitrario; debido a que el juez sería el legislador. Si se uniera a la potestad ejecutiva, el juez podría tener la fuerza de un opresor.»

 «Todo estaría perdido, cuando el mismo hombre, o el mismo cuerpo, ya sea de los nobles o del pueblo, ejerza esos tres poderes: el de hacer las leyes, el de ejecutar las resoluciones públicas, y el de juzgar los crímenes o las diferencias entre los particulares.»

 Montesquieu, El espíritu de las leyes, Libro XI.

 

Efectivamente, si nos damos cuenta de cómo funciona la articulación de los tres poderes en cada estado, se ve claramente que en los estados no democráticos, los 3 poderes están concentrados en manos de dictadores, ya sean fascistas, socialistas, comunistas y los pocos monarcas absolutos que aún quedan, mientras que en los países más democráticos, estos 3 poderes se encuentran separados según las teorías del ilustre francés. En la práctica los gobernantes autoritarios, nuevamente, ya sean fascistas, socialistas o comunistas, intentan acaparar todo el poder posible y así hacer las leyes o derogarlas según sus propios intereses, manejar el poder ejecutivo a su antojo y usar el poder judicial, los jueces y sus sentencias para eliminar a adversarios y competidores, mientras estos mismos jueces hacen la vista gorda con las fechorías que sus dictadores cometen.

Un gran ejemplo de esta gran concentración de poder tiránica, es el que tenía Sadam Husein en Irak. A mi me tocó en 2003 ir al golfo pérsico siendo militar profesional embarcado en el buque Pizarro L-42, y, personalmente, siempre me ha gustado saber para qué voy a una guerra. El primero de los hijos de Sadam, Uday, era uno de los cachos de carne más crueles que se hayan podido conocer en la segunda mitad del siglo XX. Se encargaba personalmente de perseguir, torturar y matar a los opositores al régimen de su padre, pero esto no era lo más grave, aunque ya sea tremendamente grave. A Uday además de los coches deportivos caros, las fiestas, el alcohol y matar, le encantaba violar, ya fuesen mujeres adultas, recién casadas, menores adolescentes o incluso preadolescentes. Uday no tenía límite en su crueldad, tanto que incluso hicieron una película describiendo su bestialidad, El doble del diablo (2011), película que recomiendo, sobre todo si se tienen dudas sobre si es bueno o malo haber terminado con el régimen de Sadam.

Por supuesto que en Irak estaba penada la violación, y duramente con muchos años de cárcel, pero ningún juez, testigo o víctima se hubiese atrevido a acusar al hijo del dictador. Uday vivía y delinquía con completa impunidad. Uday Huseín murió junto a su hermano, Kusay Huseín, y su hijo, abatidos por las fuerzas especiales estadounidenses durante un tiroteo en la ciudad de Mosul en 2003.

Pero es justo reconocer que el caso de Irak era un caso extremo, como también sucede ahora en Rusia, donde los opositores a Putin, de repente, les da por hacer “balconing sin piscina” sin que nadie lo investigue. Y no son los únicos países, la lista es larga por desgracia.

En este mundo hay varias clases de países. Están los países más democráticos con una democracia de la más alta calidad, los países democráticos con una democracia relativamente de calidad, los países con democracias de baja calidad, y por último los países con regímenes autoritarios, algunos disfrazados de democracias pero dictatoriales de facto.

En los primeros, donde la democracia es de calidad más alta, existe una separación de poderes real entre el ejecutivo, el legislativo y el poder judicial (Noruega, Canadá, Dinamarca, Australia, Nueva Zelanda, Finlandia). Este tercer poder es actualmente el más importante en separar. Los jueces, en su carrera judicial, van ascendiendo, pero también se presentan a elecciones internas y son votados por sus propios compañeros de profesión, para acceder a los cargos electos del poder judicial. En estas democracias, los partidos políticos y los poderes económicos no tienen poder de presión alguno sobre los jueces para que fallen a favor o en contra en ciertos juicios. Por ello los estándares internacionales valoran positivamente la separación real del poder judicial de los otros dos para calificar la calidad de una democracia. En estos países la corrupción es muy baja, los políticos dimiten en cuanto son señalados por la justicia o por los escándalos, y sus sistemas políticos funcionan muy bien, teniendo tasas de pobreza y desempleo bajas, edades de emancipación bajas, edades medias en el comienzo de la maternidad bajas también y calidad de vida alta con respecto a los demás. España nunca ha estado en este grupo de países.

En los segundos, donde la democracia tiene una calidad, no tan alta, pero buena, la separación de poderes no es total y los partidos políticos tienen alguna capacidad para colocar a jueces afines en los mayores órganos del poder judicial (Francia, Bélgica, Corea del Sur, Austria, Estados Unidos). Sin embargo sus leyes sobre la aplicación del poder judicial son similares a las de los primeros y no empañan la labor de los jueces en la inmensa mayoría de los juicios, salvo en aquellos juicios donde los más poderosos, en términos económicos o políticos, son enjuiciados, que entonces se pueden ver cosas extrañas. Los políticos y el poder económico que los ayuda tienen cierto poder de influencia sobre los jueces. En estos países la corrupción es relativamente baja, pero está lejos de ser la más baja, y la calidad de vida con todos sus indicadores es alta, pero, otra vez, lejos de ser de las más altas. España pertenecía hasta hace no muchos años a este grupo de países hasta que surgió efecto el cambio legislativo del PSOE de 1985, la misma que después reformó el PP en 2001 y 2013. Desde 2013 el CGPJ es elegido, la mitad por el Senado y la mitad por el Congreso, y los partidos políticos se reparten enteramente los nombramientos de los 20 integrantes y su presidente.

El tercer grupo, son los países que todavía tienen democracia, pero ya no es de calidad, la separación de poderes está descrita en sus leyes pero también desactivada de facto (Brasil, Argentina, Portugal, México). Los partidos políticos se reparten a su antojo las sillas de los jueces de las más altas instituciones y con ello consiguen privilegios. Las leyes se parecen a las de los anteriores pero tienen desactivadas las medidas de control y son muchos los casos judiciales donde se ve empañada la labor de la justicia. Se ven resoluciones judiciales claramente dantescas, donde criminales salen impunes por cuestiones que los no juristas no entienden. La corrupción es muy abundante, aunque no llega a ser descarada. Los poderes económico y político tienen una gran capacidad para evitar investigaciones, evitar juicios y también para evitar condenas. Los condenados por corrupción, a menudo vuelven a la vida política tras unos pocos años, como Lula Da Silva recientemente en Brasil. La calidad de vida en estos países ya no es tan alta como en los anteriores y sus indicadores así lo expresan en industrialización, pobreza, tasa de empleo, renta per cápita etc etc. España pertenece actualmente a este grupo de países.

Finalmente viene el grupo de países que no son democráticos. En este grupo están los países que son dictatoriales y no intentan ocultarlo ni maquillarlo, (Irán, Corea del Norte) y los países que se pintan de democráticos pero no lo son en absoluto (Rusia, Venezuela). Aquí se hace lo que dice el dictador y punto. La vida es dura para sus habitantes y sus derechos son nulos. La corrupción, es tremenda y descarada, no está perseguida en absoluto y ni siquiera se empiezan las investigaciones. La impunidad de los poderosos para cometer todos los delitos que quieran, es absoluta. España perteneció a este grupo de países durante el franquismo.

Entonces, volviendo a la pregunta inicial, ¿Para qué sirve controlar el Consejo General del Poder Judicial? Existen múltiples respuestas a esta pregunta…. Pues para que todavía no sepamos quien era el famoso Señor X; para que todavía no sepamos a quien se refería Bárcenas cuando escribía M.Rajoy; para que la jueza Alaya dijese que PP y PSOE le quitaron por miedo a que investigase los cursos de formación; para que la familia Pujol todavía no haya ido a juicio, tanto Jordi como la “madre superiora”; para que el desfalco que PP, PSOE e IU hicieron en la antigua Caja de Madrid haya quedado prácticamente impune después de un daño a las arcas públicas de 21.000 millones de euros; para que un líder de un partido se libre de ser imputado, y por lo tanto encausado, por sacarse un master haciendo 4 trabajitos de unas 30 páginas, mientras que casi todos sus compañeros de clase si fueron acusados, y que el resto de los mortales tienen que asistir a clase y esforzarse para conseguir esa titulación; para que un ministro se reúna con una persona que tiene prohibido pisar suelo europeo durante horas en el aeropuerto de Barajas, siendo grabado y todas las pruebas sean eliminadas; para que un político español acusado de entregar una tesis doctoral hecha por otra persona, y por la cual consiguió un cum laude en su doctorado, no sea investigado en absoluto; para que una política madrileña aparque en un carril bus de la Gran Vía, venga la policía, inmovilice su vehículo impidiéndole el paso con sus motos, esta política se resista a la autoridad, se monte en su coche, pase por encima de una de sus motos produciendo daños a un vehículo policial, se de a la fuga, inice una persecución policial (Todo esto está grabado y se puede encontrar el vídeo en internet), y todo esto sin ser detenida, investigada, encausada, juzgada ni condenada.

Pueden intentar ustedes hacer lo mismo que hizo la que aparcó en el carril bus de la Gran Vía, intentar sacarse un doctorado con una tesis de otro, intentar sacarse un master con 4 trabajitos, pero nunca conseguirán la magia del bicorruptismo de no ir varios años a prisión por hacerlo. Para esto sirve tener el control sobre los jueces del CGPJ, para evitar la cárcel después de delinquir.

Y esto ¿En qué nos impacta? Esta práctica comenzó en 1985, y empezó a erosionar nuestro estado de derecho. Parece mentira que solo aguantásemos la legislatura constitutiva y la primera legislatura de Adolfo Suarez en completa democracia sin que los partidos políticos empezasen a meter sus zarpas en el poder judicial. Los efectos de esta reforma que hizo el PSOE y que el PP volvió a reformar en 2001 y 2013 para hacerlo incluso más fácil, se empezaron a sentir por parte de la población en 2009, 2010 y 2011, los primeros años de la gran crisis económica mundial. De repente, el sistema español, empezó a hacer aguas por todos lados, se habían hecho multitud de obras faraónicas con sobrecostes enormes, tramas de corrupción a lo largo y ancho de nuestro territorio y con todos los partidos que gobernaban implicados. No se salvaba ni uno. Nos dimos cuenta que cada nuevo presidente autonómico que había ganado unas elecciones, había ganado una caja de ahorros y una televisión pública. Podía utilizar la caja de ahorros para financiar cualquier obra, por inútil y descabellada que fuese la idea, sin ningún control sobre el gasto. Y también podía utilizar la televisión pública para adulterar la información que sus gobernados iban a recibir y así volver a ganar las elecciones.

No nos damos cuenta pero una de las competencias del CGPJ es nombrar a los magistrados de los tribunales supremos. Y los magistrados de los tribunales supremos son los únicos encargados de imputar a personas que están aforadas, por lo tanto aquellos que nombran al poder judicial son también aquellos que están aforados y que se libran de ser enjuiciados por aquellas personas a quienes eligieron.

El problema es que cuando una democracia se empieza a degradar, el proceso es evolutivo. Los gobernantes pactan entre ellos pequeñas reformas que van eliminando poco a poco todos los elementos de control democráticos que impiden a los partidos políticos controlar los organismos que han de mantenerse independientes mediante funcionarios o personal independiente, y la democracia es cada vez de peor calidad, los ciudadanos de esa democracia viven cada vez peor, los partidos políticos trabajan cada vez con menos control y con más corrupción. Son numerosas las ocasiones, aunque parezca mentira, en las que PP y PSOE se ponen de acuerdo y pactan la cúpula de RTVE, el tribunal constitucional, reformas de la constitución, enmiendas a leyes para quitar elementos de control o restricciones, subidas de sueldo, creación de chiringuitos, politización de elementos de control como el tribunal de cuentas y el defensor del pueblo. No lo dicen en la tele, ni en la radio, ni en los diarios de gran tirada pero el socio preferente del Partido Popular es el Partido Socialista Obrero Español, y el socio preferente del Partido Socialista Obrero Español es el Partido Popular. Y este proceso, o se para de golpe tras un cambio de gobierno por un partido limpio y que no haya gobernado, o sino continuará sin remedio para convertir una democracia, en una no democracia.

La otra gran ambición al controlar el poder judicial es embarrar a los enemigos políticos en procesos judiciales, o incluso hacer que acaben condenados por la justicia por delitos que nunca cometieron, pero eso todavía no he conocido un ejemplo en España desde 1978. En países donde la democracia ya se ha desvanecido como Rusia o Venezuela, sí que ocurre.

Y este es el gran impacto que tiene que el poder judicial esté en manos de los políticos, que si no se les para los pies, convierten la democracia en una dictadura en pocas décadas. Y una vez eliminada la democracia, los derechos y libertades también quedan eliminadas, pasando del país que nosotros deseamos al país que Uday Husein deseaba y tenía gracias a su padre.

Son ustedes, lectores y votantes, quienes tienen que elegir con su voto a los partidos políticos que nos tienen que gobernar. Pero si siguen votando a partidos políticos (si no han dejado ya de hacerlo), que en cada legislatura, van desmontando nuestro estado de derecho, van robando el dinero de nuestros impuestos y librándose de ir a la cárcel por sus delitos, el país que le dejaremos a nuestros hijos será muy diferente al que nuestros abuelos le dejaron a nuestros padres.

Actualmente Pedro Sánchez ya tiene el poder ejecutivo como jefe del gobierno, el poder legislativo que la figura del real decreto ley le da y que no ha dudado en aprovechar de manera masiva batiendo todos los récords. Ya ha desmantelado más partes de nuestra democracia que ninguno de sus antecesores. Si esto o el próximo presidente se hace con el poder judicial, ya no será más nuestro presidente del gobierno, sino que sería nuestro generalísimo.

Publicidad
Publicidad