La Tierra olvidada

Pedro Pozas Terrados

Actualidad
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La Tierra gime de dolor. Sus venas contaminadas arrastran y envenenan la piel sensible de su existencia. Sus pulmones están afectados, sus árboles talados y es por ello que se originan  en otros lugares del mundo situaciones adversas que afectan a todos los seres vivos, pero que son necesarias para su subsistencia. Intenta siempre recuperar lo perdido, pero las heridas son más veloces y profundas que no pueden cicatrizar con rapidez y renovar lo perdido.

 La Tierra llora, pero no por ella, sino por esas criaturas bellas que sufren y desaparecen en la nada de la extinción, a pesar de los años que le ha costado a la evolución, su estructura, su desarrollo y su unión.

 La Tierra se rinde ante el desprecio de los humanos que no la cuidan y siente cómo es utilizada, olvidada, arrancando de sus entrañas los recursos de la vida que se agotan con rapidez haciéndola temblar con angustia profunda.

 La Tierra está triste porque a pesar  de dar vida y mover el engranaje de la creación y de la belleza de sus ecosistemas, una sola especie intenta agotar hasta la última gota de su energía. Pero ella es fuerte y sabe crear mecanismos de autoregeneración y con su gran maquinaria evolucionista, podrá crear nuevas especies que la respeten, que valoren su esfuerzo, que la amen como madre, amiga y creadora de nuestra humilde y frágil casa.

La Tierra se siente traicionada y si pudiera dar marcha atrás, sin dudar haría cambios en su largo peregrinar por el universo de la creación. Los vientos huracanados ensombrecen su mirada y tiende la mano a quien la comprenda, aunque sea un humano que con sus lágrimas, limpie  los males de su conciencia.

La Tierra nos regala el aire y el agua, sin los cuales nuestro ser solo sería polvo diseminado  entre las estrellas. Nos da cobijo y alimento, recursos naturales que transformamos en escudos impenetrables, olvidando que los mismos no son infinitos y que a cambio, debemos de cuidarla y amarla. Estamos perdiendo una oportunidad única para demostrar nuestro agradecimiento,  nuestro afecto y nuestro sentimiento, abriendo nuestros brazos a la esperanza. Pero el odio, la falta de empatía, la ignorancia y el desprecio, alimenta el fuego de nuestra propia ruina, de nuestra caída hacia el precipicio de nuestra desolación.

La Tierra calla, se queda muda ante tanta injusticia permitida. Cierra los ojos hibernando en el agujero profundo de su corteza altiva. Se queda sola, no quiere escuchar lamentos ni gritos de aliento. Solo espera con su llanto que la luna le ofrezca su manto y el sol, su dulce canto. Únicos amigos que la dan la mano sin un solo quebranto.

La Tierra gime
en dolor callado.
La flor suspira
en el verde prado.

La Tierra llora
con ojos cansados.
El árbol grita
solo y desesperado.

La Tierra en silencio
busca un legado.
El búho en la noche
está desconsolado.

La Tierra te busca
sin ningún enfado.
La mar se agita
por tanto pecado.