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Lunes, 07 Febrero 2022 12:53

EL ROBO DEL LINO Y LA DUQUESA DE ALBA

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Según cuenta la leyenda transcurría el Año 1.782, Dª Cayetana XIII. Duquesa de Alba, pasaba largas temporadas en su Palacio de Piedrahita (Ávila) Dueña del Señorío de Valdecorneja  y Alba de Tormes, hacía ocho años que su abuelo la había casado, a los doce años con D. José Álvarez de Toledo, en este año mencionado contaba con veinte primaveras. 

 En sus veraneos solía estar acompañada en muchas ocasiones por sus amigos Francisco de Goya y del político Gaspar Melchor Jovellanos entre otros muchos personajes.   

Nos situamos en mi pueblo, un pequeño pueblo a nueve kilómetros de Piedrahita llamado Villar de Corneja. 

En dicho pueblo vivían nuestras dos protagonistas, María Sánchez, mujer honrada como la que más, conocida como la lavandera, puesto que éste era su oficio. Y por otro lado Paca Díaz, mujer muy querida y apreciada por todos, su oficio era lavandera y pregonera del pueblo. Nuestras dos protagonistas eran muy amigas se conocían desde niñas y ambas vivían cerca de la iglesia. 

Por aquel entonces la Duquesa de Alba, estaba contenta y enamorada, se dejaba querer de Francisco de Goya, por lo que se encontraba bondadosa y feliz.  

La hermana Rosario, que vivía en el convento de las Carmelitas descalzas en Piedrahita tenía cierta amistad con ella, aprovechando esta ocasión de feliz y bondadosa de la Duquesa. La monja era nacida en Villar de Corneja, prima de María la lavandera, muy hábilmente consiguió que la Duquesa donara un dinero para arreglar la torre de la iglesia de Villar de Corneja, además de veinte madejas de lino, articulo muy escaso y apreciado como el oro en aquellos años, estas madejas serían destinadas para hacer una túnica para el santísimo, un paño para el sagrario, una vitola para don Venancio el cura y alguna que otra cosa. 

Los habitantes estaban eufóricos por las importantes donaciones recibidas gracias a la hermana Rosario. Una vez recibido el lino, Alfonsa el ama de llaves del cura esposa del sacristán, entregó las veinte madejas a María “la lavandera” ya que era profesional y tenía un don especial para conseguir un blanco como la nieve. 

La mañana estaba tan clara como sosegada; los pájaros no paraban de cantar atareados haciendo sus nidos, las ranas cantaban en coro. 

Las dos mujeres bajan al río Corneja juntas como tantas veces, a un lugar llamado las Pasaderas, donde el río ensancha con charcas donde abundan ranas, renacuajos, peces y cigüeñas pescando.  

María se encarga de lavar el lino, esmerándose más que nunca en sacar un blanco especial puesto que era para el Santísimo. Cuando termina, María tiende el lino en un prado cercano. 

Paca sigue lavando el resto de la ropa; las dos mujeres que se encuentran solas por estos parajes pueden oír con facilidad las campanas de la iglesia, que hace la función de reloj para la gente que trabajaban en el campo como era costumbre por aquellos años. 

María que había dejado el cocido puesto, le dice a su compañera que se sube a casa a atizar la lumbre pidiéndola que echara un vistazo al lino.  

Después de controlar el cocido y recoger alguna que otra cosa de la casa, ya que no tenía prisa puesto que su amiga Paca estaba al cuidado del lino, María baja a recoger el lino, pasa antes por casa de Alfonsa, la mujer del sacristán, está decide acompañar a María a recoger el lino, dice que la hace mucha ilusión ver tanto lino. 

De camino al río las dos mujeres se encuentran con Manolito “Gafotas”, hijo de Paca “la Pregonera” éste sube con un cesto lleno de ropa limpia. Les cuenta que su abuela Vicenta le había mandado nada más salir del colegio que bajara más ropa sucia a su madre y que aprovechara para subirse la que ya estaba limpia, y así le quitaba peso a su madre. 

María y Alfonsa ayudan a Paca a recoger la colada una vez terminada, las tres mujeres juntas se disponen a coger el lino de la pradera que ya debería estar seco. 

En la cara de las tres mujeres se deja ver el nerviosismo por ver lo blanco que había quedado el mencionado lino ya que era para el Santísimo, pero al llegar frente al lino las caras de las mujeres cambiaron por completo al ver, que de las veinte madejas faltaban cuatro de ellas.  

El desconcierto entre las mujeres se dejaba notar en el ambiente. María la más nerviosa de todas, puesto que era la responsable de las madejas, intenta encontrar al culpable del robo, daba vueltas y vueltas en su cabeza.  

Sí el lino estaba a la vista de Paca y ella decía que nadie había pasado en toda la mañana por las Pasaderas. María y Alfonsa solo habían visto a Manolito “el Gafotas”, el hijo de Paca, al que vieron cuando bajaban, transportando un cesto lleno de ropa limpia. Al menos, eso es lo que él las había dicho, puesto que el interior no se veía por qué iba tapado con un lienzo moreno, todo parecía encajar y estar claro, sobre todo para la mujer del sacristán, Alfonsa cruzó la mirada con María y acusó a Paca con sus ojos. 

Al volverse, la señaló por detrás con el dedo, María no terminaba de creérselo era su amiga de confianza como podía hacer eso pensaba que la conocía no me lo puedo creer, pero no podía ser otra persona, aunque no dijeron nada delante de Paca.  

La noticia corrió como la pólvora, no había transcurrido ni un sólo día y ya todo el pueblo acusaba y señalaba a Paca como la culpable del robo. Nadie la perdonaba que hubiera sido capaz de robar al mismo Santísimo y abusar de la bondad de doña Cayetana XIII. 

Paca había pasado de ser una mujer muy querida, a ser la más despreciada. Intentaba en vano demostrar su inocencia, todos sus esfuerzos no servían para nada, porque todas las pistas acompañaban a su culpabilidad. El señor cura durante el sermón del domingo dio a entender la culpabilidad sin pronunciar ningún nombre.  

Invito a la persona que tuviera en su poder las madejas, que las devolviera rápidamente bajo secreto de confesión y no sería delatado.  

Paca abrumada por las acusaciones de todo el pueblo y sin poder acudir a nadie porque hasta el mismísimo cura creía en su culpabilidad, se quedó sola y despreciada ante tal situación. Ésta cayó enferma, cosa que hizo que algunos del pueblo se alegraran pensando  que era un castigo de Dios. 

Por otro lado estaba Manolito hijo único de Paca, al que cuidaba sola y sin  

marido ya que era madre soltera, era también sospechoso del robo.  

El pueblo malignamente le había puesto, el mote de: “El Niño del Lino”. Manolito que no entendía el porqué de este nombre llegaba a casa llorando todos los días y con miedo de salir de ella cosa que agravaba la enfermedad de Paca. 

Ante este estado  de gravedad Paca fue visitada varias veces por don Avelino, médico del pueblo, el cual no encontraba una explicación lógica a esta enfermedad. No obstante, don Avelino que no terminaba de creerse que esto fuera un castigo de Dios, como buen profesional que era y aprovechando que su hermano don José que era uno de los mejores médicos de Ávila, en una de sus visitas al pueblo le pidió a su hermano le hiciera un reconocimiento completo y gratuito a Paca.  

No encontró ninguna enfermedad conocida, aunque si encontró una similitud con un caso de un paciente que había tenido de Arévalo en su consulta del hospital de Ávila, éste paciente que había fallecido a causa de ésta enfermedad le habían diagnosticado con un nombre muy raro, que según la explicación que les dio a don José, era como un abandono renunciando a seguir viviendo. La única receta que él conocía para esto era que había que dar al enfermo un cariño especial por parte de los que le rodeaban, medicina muy difícil e imposible para Paca después de lo sucedido con el robo del lino. 

El día de jueves Santo de 1.783 y a la misma hora que se recuerda la muerte de Jesucristo nuestro Señor, se murió Paca “la Pregonera” que se sentía sola, abandonada y despreciada, por todos los del pueblo. 

Mientras en la casa de los Duques de Alba en Piedrahita no sabían nada de lo sucedido. Gracias al interés del pueblo del Villar que estaba a punto de percibir el dinero de Casa de Alba, para la reparación del campanario, y por miedo a que no les gustara no habían dicho nada de la desaparición de las cuatro madejas de lino que seguían sin aparecer.  

Cuandohabía transcurrido solo unos meses de la muerte de Paca “la Pregonera” corrían los últimos días de agosto de 1.783 las cigüeñas ya habían abandonado su nido con sus polluelos. Dan comienzo las obras del campanario, con la consiguiente demolición del punto más alto de la torre, que cae al suelo junto con un gran nido de cigüeñas.  

La sorpresa es cuando entre los restos del nido aparecen las cuatro madejas de lino, todavía en buen estado por el poco tiempo que había transcurrido desde su desaparición.  

Habían aparecido las verdaderas ladronas del robo del lino, una desolación cae sobre el pueblo del Villar que había acusado y despreciado injustamente a Paca.  

Don Venancio junto con el pueblo se encuentran culpables y muy arrepentidos. Para reparar el daño, el párroco hizo huso de su influencia y mando a estudiar gratuitamente a Manolito al seminario de Arenas de San Pedro (Ávila). Éste se hizo sacerdote y se marchó América del Sur, estuvo en Paraguay y Argentina. 

La Duquesa enterada y apenada por lo sucedido regaló una vitrina para la exposición de las madejas de lino con su historia y una foto retrato de Paca que hizo Francisco de Goya. Para recordar al pueblo y a sus visitantes que no se debe acusar a nadie sin estar seguro de su culpabilidad. 

Desde entonces durante muchos años a la misma hora en que murió Paca “la Pregonera”, el día de jueves Santo se reza por ella y se guarda un minuto de silencio; se pide a Paca que perdone a su pueblo que fue tan cruel con ella, cosa que estoy seguro que Paca perdona a su pueblo desde el cielo. 

¡Sea verdad o mentira lo que aquí narramos,  

no faltan oídos sordos a veces a los cristianos! 

Autor Fausto Díaz. 

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