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El Patrimonio Cultural de Colmenar Viejo sufre una acusada metástasis

Cultura
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Llevo mucho tiempo dudando sobre si escribir o no este artículo. En ciertas ocasiones, cuando me hervía la sangre ante la penosa situación que presentaba un inmueble o un yacimiento arqueológico de la localidad, un rabioso impulso me empujaba a denunciarlo. Después, con más calma, me auto-aconsejaba dar un margen benévolo de confianza a las autoridades, esperando que abrieran sus ojos y reaccionaran ante esa situación.

Finalmente, en esa lucha, propiciada por el beneficio de la duda, ha vencido la necesidad de hacerlo en este breve artículo, que, en verdad, es producto del desánimo y de la desesperación ante la desidia de los gestores responsables del Ayuntamiento de Colmenar Viejo sobre el patrimonio cultural, en general. En realidad, a la vista de los hechos, todo parece indicar que no solo no hay un programa de compromiso cultural sobre el patrimonio local. Más bien parece como si se estuviera pedaleando a piñón fijo y sin una meta predeterminada, excusándose de hacerlo cuando se presenta un puerto de primera categoría, como ha ocurrido con la pandemia. 

Con todo, agarrándome a nuestro refranero, podría consolarme con ese que dice: “Mal de muchos…”, pues, desgraciadamente, hay que reconocer la problemática que afecta a este país en este sentido. Problemática ante la que las iniciativas vecinales y profesionales se ven abocadas a unificar esfuerzos para la salvaguarda de un legado patrimonial que es responsabilidad de las administraciones, teniendo a la cabeza a los Ayuntamientos, como institución más cercana ante su propia realidad. ¿Ejemplos?  Pongamos uno de ellos, el hartazgo de numerosos especialistas de siete comunidades autónomas para denunciar el abandono de monumentos y yacimientos arqueológicos, además de su precariedad laboral, bajo la recientemente constituida “Plataforma Estatal de Profesionales de la Arqueología, PEPA; teniendo como siglas a la primera constitución firmada en Cádiz.  

En verdad, no nos encontramos faltos de Constitución, leyes, decretos y no sé cuántas más normativas que tienden a la conservación y difusión de nuestro Patrimonio. No, ni mucho menos. En eso los españoles vamos sobrados. El problema radica en la debilidad de las instituciones, que sufren una metástasis avanzada y compleja, generada por multitud de malos gestores y especuladores, ajenos al bien común de los demás. En efecto, como si de papel mojado se tratara, tanto articulado va continuamente a desaguar al alcantarillado, y lo peor de todo es que esa red de alcantarillado de Colmenar Viejo comienza a atascarse ante tanta desidia acumulada.   

¿Por dónde empezar?  No es fácil. Basta con dar un paseo por el casco histórico y sus aledaños para sentir escalofríos ante la imagen que presentan los inmuebles y espacios públicos, como si se trataran de despojos y esqueletos de un campo de concentración de guerra o posguerra. ¿Cómo pretenden que se haga turismo en este pueblo si se carece de una mínima iniciativa de protección, concienciación y difusión? La falta de energía e impulso municipal para presentar a Colmenar Viejo como verdadero pueblo comarcal, de fuerte impronta turística, se ha demostrado con el cerramiento a cal y canto de su llamada Casa Museo de la Villa, que viene a ser la carta de presentación de los valores patrimoniales que el visitante se encontrará en esta población. Pero esa Casa, ese Museo, llevaba cerrado desde que se inició la pandemia. Eso sí, pidiendo disculpas por las molestias, como se especificaba en su cartelito en la puerta de su entrada. No, no puedo disculpar a sus responsables, más bien exigir responsabilidades por el encarcelamiento de este espacio, por secuestrar tan preciado legado. Esta denuncia la hice personalmente ante la concejala responsable de turismo el pasado 4 febrero de 2021. Respetando el contenido de aquella conversación, me fui sumamente contrariado al no encontrar una respuesta satisfactoria. Durante la pandemia se podría haber abierto virtualmente esa Casa al mundo entero. No hacían falta mascarillas, sino ilusión y motivación por ofrecer sus llaves a través de un simple programa informático. Y cuando decían que “la cultura es segura”, cuando se abrieron eventos estatales, regionales, locales… decidieron que el edificio permaneciese cerrado, a pesar de tener personal para su cuidado. Después, con el paso del tiempo, comprendimos que la idea era esperar hasta privatizar, más moderno sería decir externalizar, este servicio, y que, afortunadamente, ya ha abierto nuevamente sus puertas. Indudablemente, deseo a sus nuevos responsables el mayor de los éxitos en beneficio de la población. 

Plaza de la marina cv
Si nos paseamos por la mal llamada Plaza de la Marina, mejor apartar la vista de uno de los edificios civiles históricos más emblemáticos: La denominada casa de diezmos. Su imagen deplorable dice todo 
sobre la promoción turística de este municipio. Entiéndase que el carácter privado del inmueble no quiere decir que puedan tomarse medidas correctoras pactadas entre lo público y lo privado.  
Foto tomada el 29 de abril de 2021 

Salgamos ahora hacia el resto del término municipal. Nos encontraremos con otros tantos elementos patrimoniales abandonados, a modo de hijos expósitos, que les alimentaron en un primer momento, para, posteriormente, abandonarlos a su suerte. ¡Cómo no sufrir con las graves  heridas que presentan los restos que se concentran a lo largo del paseo de indudable valor histórico, como es el del arroyo del Pozanco, junto a un centro comercial, cuyas estructuras, lejos de conservarse, se están dejando caer. Me refiero a lo que se conserva de la magnífica tejera, de gran valor patrimonial, paso intermedio entre la elaboración de la cerámica artesanal hacia la industrial, con su conjunto de hornos, secaderos y barreros, incluyendo la tristemente arrinconada fuente del Moralejo, de finales del siglo XVIII. Pero no se vayan, que aún hay más, mucho más. ¿Por qué no echar una mirada a aquél paisaje que surgió en el Medievo, con sus cercas de mampostería en seco, cuyo valor se propuso en el pasado proyecto Hércules, tan grandilocuentemente celebrado por las autoridades locales del momento. En aquél evento denuncié que nos encontrábamos ante un campo cada vez más encarcelado. Su vallado de mampostería tradicional en seco, se viene recreciendo, o modificando, con multitud de alambradas (se justificarán por los robos) colchones, hierros corroídos, y eso si no se modifican por fachadas a lo Falcon Crest, como la existente en una de las coladas hacia el arroyo de Mojapán. Indudablemente, lo que se está haciendo al campo de Colmenar Viejo es un grave atentado a su paisaje histórico. 

No quiero cerrar esta denuncia-preocupación sin recordar que el 2 de julio de 2018 presentamos un escrito dirigido a la alcaldía, por el que se solicitaba la digitalización de los fondos documentales del Ayuntamiento, priorizando los libros de sesiones de plenos municipales para conocimiento de la ciudadanía y de la investigación. Aún no hemos recibido respuesta. No creo que la tengamos nunca, si no es a través de una contundente respuesta a este artículo. Aún no se han digitalizado los documentos. Aún están dispersos por varios centros municipales. Aún, a pesar de contar con una población superior a los 50.000 habitantes, no disponemos de un archivero municipal, como buenamente tienen municipios vecinos de menor población, caso de Miraflores de la Sierra. 

Y no digamos ya sobre lo ocurrido durante este pasado verano con el derribo del último decorado del Fart West en la Comunidad de Madrid, instalado en la dehesa de Navalvillar, auténtico plató cinematográfico reivindicado como parte de la historia de la industria cinematográfica. Arrasado bajo la justificación del peligro de ruina, que no dejaba de ser una falta de interés por la promoción de este paisaje cinematográfico, al que ahora pretende prestar atención la nueva Ley de Patrimonio Histórico. En este episodio, lo mismo que en los que he expuesto, y otros tantos que no relaciono por razones de espacio, se tendió y se sigue tendiendo la mano a la administración, no solo para disfrutar con estos extraordinarios valores patrimoniales, sino también para recordarles su obligación, como se explicita claramente en nuestras leyes. 

Este pasado 16 de septiembre celebramos en multitud de ciudades el “Día Internacional del Patrimonio Mundial”, mediante multitud de actividades culturales, visitas guiadas y jornadas de puertas abiertas, de tal manera que, a través del conocimiento de nuestro patrimonio, podamos conseguir una mayor educación, cultura y frescura en nuestras vidas.  ¿Qué ha pasado en Colmenar Viejo? Pues supongo que ni lo sabían. 

En definitiva, necesitamos algo más que un soplo de cultura. Harían falta multitud de sopletes, capaces de cambiar la mentalidad de los gestores, incluida, salvo honrosas excepciones, a la oposición, si es que ésta no se pasa a engrosar la formación política del gobierno, abandonando electores y promesas, y lo peor de todo, hiriendo de gravedad al espíritu democrático. En mi opinión, en la amenaza que se cierne sobre la democracia, como ha denunciado recientemente nuestro presidente de Gobierno en la Asamblea General de las Naciones Unidas, no me cabe la menor duda que también podría contribuir a ello el despiece del legado patrimonial. Un legado que en Colmenar Viejo parece encerrado y condenado. Por ello, pido desesperadamente socorro, no sólo a las administraciones, que parecen encontrarse debilitadas, también te lo pido a ti. Necesito que abras los ojos y grites también, por favor, eso de “BASTA YA”, que esto no puede seguir así, que es posible, y necesario, cambiar el rumbo hacia el entendimiento y la razón. 


Fernando Colmenarejo García 

Arqueólogo