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¿Cómo se reconoce un intelectual de derechas hoy día?

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Cultura
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Hay una dificultad en las ciencias sociales a la hora de trabajar sobre la derecha: la derecha en general, y los pensamientos de derecha en particular[1]. Desde luego, se encuentra una literatura pletórica en historia de las ideas dedicada a Hayek o a Carl Schmitt. Pero muy poco en cuanto a contemporáneos.

Esto se puede explicar por dos razones. La primera es que las ciencias sociales, sobre todo en Francia, son claramente de izquierda, y hay una proximidad entre los investigadores y las organizaciones o movimientos correspondientes. A veces los propios investigadores se dedican a la política, como ocurre en España en el caso de Podemos, cuya dirección estaba compuesta en su origen por universitarios. Esta proximidad implica un acceso facilitado en el terreno. El campo de enfrente, por supuesto, es más difícil de investigar.

Pero hay una segunda razón para el escaso número de investigaciones dedicadas al pensamiento de derecha, que es más problemático. La izquierda y las ciencias sociales se imaginan que la derecha domina por la fuerza, la trampa, la emoción, la manipulación, el dinero, pero no por el pensamiento. Dicho de otra manera, si la derecha se encuentra en el poder en todas partes, se debe a que es poderosa, no a que sea convincente.

Una de las razones de esta impresión está en lo que podría llamarse la estupidez de los intelectuales de derecha más mediáticos. ¿Cómo tomarse en serio a un Eric Zemmour, quiero decir cómo tomarlo intelectualmente en serio? Pero como muestra Gérard Noiriel en el libro que le ha dedicado, la estupidez tiene una eficacia política en algunas coyunturas, por ejemplo cuando las cadenas de información en continuo se vuelven el centro del campo político-mediático[2]. ¡No hay motivo para pensar que las teorías más coherentes o sofisticadas sean las más eficientes políticamente, por lo menos a corto plazo! Hay que tomarse en serio la estupidez en política. «La desgracia está en que tiene algo de natural y de convincente», dice Robert Musil en su ensayo Sobre la estupidez[3]. Y añade que a veces la estupidez «se suele confundir con el talento».

Mi argumento será que la sociología de los pensamientos de derecha debe ser parte integrante de la sociología de las clases dominantes, lo que no ha ocurrido hasta  ahora. La sociología de las clases dominantes, en particular de los Pinçon-Charlot y de los investigadores que ha inspirado, no está muy interesada en esta dimensión de su objeto. Ha estudiado los entresijos de los dominantes o las modalidades de su reproducción, pero no la manera como reflexionan, y los efectos de su pensamiento sobre las formas de su hegemonía. Pero la derecha piensa, su pensamiento es multiforme, y la hegemonía de las derechas deriva en parte de operaciones intelectuales -aunque el dinero y la manipulación también tengan su parte.

Conectar la teoría y la práctica

Perry Anderson, en Sobre el marxismo occidental, mostró cómo el fracaso de la revolución alemana produjo en los años 1920 una ruptura en el seno del marxismo, dando lugar al «marxismo occidental»[4]. Los marxistas «clásicos» -Kautsky, Lenin, Trotsky, Rosa Luxemburg- tenían dos características. En primer lugar, eran historiadores, economistas, sociólogos en definitiva se ocupaban de ciencias empíricas. Sus publicaciones se relacionaban en buena medida con la actualidad política del momento. Además, eran dirigentes de partidos, estrategas confrontados a problemas prácticos reales. Estas dos características estaban estrechamente relacionadas: por ser estrategas, necesitaban saberes empíricos para tomar decisiones. A la inversa, su papel de estrategas alimentaban sus reflexiones de conocimientos empíricos de primera mano.

CONTINUAR...

 

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