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Hartos, completamente hartos de Madrid

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso con el Presidente Pedro Sánchez, en su permanente posición de rivalizar con el gobierno de España. EUROPA PRESS/J. Hellín. POOL - Europa Press

Sociedad
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 Es una indigestión infinita, un desborde insoportable, un estragamiento que escuece.
Si viven fuera y aún no han alcanzado esos niveles prepárense porque los planes del sistema parecen ser los de implantar ese atracón de supremacía, soberbia y estulticia en toda España.

Quienes vivimos en Madrid -al menos unos cuantos millones de nosotros- entendemos muy bien a los ciudadanos del resto de España que están hartos de esta Comunidad, de su centralismo y arrogancia. Nos pasa lo mismo y todavía más al sufrirlo más de cerca. Decir hartos se queda muy corto, nos sentimos empachados, descompuestos, exasperados, hasta el mismísimo moño. Y aún faltan calificativos: es una indigestión infinita, un desborde insoportable, un estragamiento que escuece. Si viven fuera y aún no han alcanzado esos niveles prepárense porque los planes del sistema parecen ser los de implantar ese atracón de supremacía, soberbia y estulticia en toda España.

Ya lo dijo la elegida un día en su intento constante de rivalizar con el gobierno del Estado –“Madrid es España y España es Madrid”- y si al principio daba mucha risa ahora podría llegar a helarse el gesto en una mueca de terror.  Cuando los afectados viajamos por el resto del país, observamos esa saturación por el tostón madrileño; en el mejor de los casos, indiferencia. No se comparte la obligatoriedad de tener a Madrid, sus ayusos y almeidas, todo el día en la boca, en las pantallas y papeles. Cada lugar tiene sus propios problemas y ambiciones. Y oír a Ayuso sobre todo provoca un aspaviento: No, no más Ayuso, por piedad. Ésa es la esperanza: si ha de enfrentarse a unas elecciones generales, que pueda más el aborrecimiento que la simpatía.

Lo peor es que los sucesivos presidentes del partido que han pasado por su vera terminan imitándola de la peor manera y cualquiera sabe adónde vamos a llegar así, porque la derecha ficha en las urnas. ¿Han oído la colección de feijoadas con las que nos obsequia el líder actual? A ver, es el habitual hartazgo de Madrid, pero aumentado y llevado al extremo. Los periódicos nacionales son de Madrid, algunos de ellos insultan a otras comunidades, sobre todo a Cataluña, como si allí no se vendieran, que igual se venden poco, eso sí. Los demás, insisto, hablan de sus propios contenidos. Los “nacionales” de Madrid un gran número de veces.

En el fútbol, especialmente en las televisiones, dicen sin empacho frases como: hemos ganado, hemos metido tantos goles, nos han hecho falta. Hablan del Real Madrid. Informan como forofos del Madrid, juegan en el campo del Madrid. 

Salvo unas pocas excepciones como, por ejemplo, el presunto corredor mediterráneo (que por cierto funciona de pena con múltiples retrasos), todos los trenes han de pasar por Madrid.  Madrid es la sede de prácticamente todas las instituciones y departamentos y al intentar un atisbo de descentralización ponen el grito en el cielo. En Madrid. También están las sedes de muchas empresas, cada vez más, dados los regalos impositivos que “Madrid” hace a costa de los ciudadanos que vivimos… en Madrid y de los de la periferia que contribuyen a la capitalidad y otros apartados. 

No hay viviendas disponibles a la altura de los sueldos que se pagan. El nivel de vida lo elevan las opulentas fortunas que residen en Madrid. La ciudad sobre todo despide una hostilidad que tiene poco que ver con la libertad castiza que venden. Y definitivamente el centro siempre huele a fritanga y solo desprendió perfume de modernidad en el 15M. Es la ciudad de la que huir en cuanto se tiene oportunidad, sea un puente festivo o la opción para una vida mejor. Con menor crispación, al menos.

Almeida regala, o casi regala, terrenos públicos a la Iglesia de sus amores para que hagan templos. Ayuso les subvenciona -a las facciones más extremas- para que mantengan colegios que separan a niños y niñas. Y beca a las familias ricas. ¿Quién no siendo “normal” –tipo Carmen Lomana- votaría eso siendo consciente de lo que hace? Pues los hay, porque la prensa de Madrid, las teles de Madrid, las radios de Madrid tienen auténtica debilidad por los gestores del PP en esta comunidad. Lo de Ayuso en particular es como una bula papal, incluso directamente celestial. 

No se comprendería de otro modo el saqueo de la sanidad pública que es la que cuida algo tan vital –textualmente- como la salud y la vida, si no estuvieran afectados de algún virus de ignorancia, falta de retentiva o el más torpe egoísmo. ¿Y la masacre de las residencias? A base de mucha insistencia está empezando a sonar la realidad, pero no se mueve la búsqueda de responsabilidades. La bula también parece ser judicial, de momento. 

Y en medio de este panorama sale Ayuso cada día a leer sus papeles y lanzar carnaza a sus adeptos y escandalizar a los demás, lo que la convierte en permanente sujeto de actualidad. Un día le da por insultar a los jóvenes que “lo tienen todo” como lo ha tenido ella como mínimo. Otros, los más, por soltar barbaridades de grueso calibre para las que no tiene el menor indicio ni razón. Ahí va eso y más: “Este gobierno ha entrado en una deriva peligrosa, un gobierno que ha decidido perpetuarse en el poder cortando todo hilo democrático que le suponga un freno en esta aspiración aunque para ello solo gobierna para una parte de los españoles”

CONTINUAR...

Fuente EldIARIO