Laudato si: un movimiento católico en auge

Pedro Pozas Terrados

Sociedad
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En el día internacional de la Tierra (22 de abril), el Papa Francisco advirtió por la red social X en un mensaje al mundo: Nuestra generación ha dejado en herencia muchas riquezas, pero no hemos sabido custodiar el planeta y no estamos custodiando la paz. Estamos llamados a convertirnos en artesanos y constructores de la casa común, la Tierra, que se está “dirigiendo a la ruina”. Un mensaje contundente, firme, dirigido a la humanidad pero especialmente a los que tienen el poder de evitar esa ruina de la que nos habla. Pero no es la primera vez que el Santo Padre está preocupado por la crisis climática. En 2015, lanzó una encíclica titulada “Laudato Si. Sobre el cuidado de la casa común”, que consta de 245 puntos divididos en seis capítulos.

 En esta extensa encíclica medioambiental, nos habla sobre la necesidad de cuidar la tierra donde habitamos o como lo llama el Papa, nuestra casa común. Se apoya en los informes científicos que de una manera explícita advierten de la grave crisis climática con la que nos enfrentamos y las consecuencias graves a las poblaciones humanas. Un cambio climático veloz como consecuencia de las actividades que destruyen la biodiversidad de nuestro planeta por el ser humano.

 Dentro de esa llamada del Laudato Si, en su punto 13, nos dice que “Deseo reconocer, alentar y dar las gracias a todos los que, en los más variados sectores de la actividad humana, están trabajando para garantizar la protección de la casa que compartimos. Merecen una gratitud especial quienes luchan con vigor por resolver las consecuencias dramáticas de la degradación ambiental en la vida de los más pobres del mundo” A continuación nos dice en el punto 14, que “el movimiento ecológico mundial ya ha recorrido un largo y rico camino y ha generado numerosas agrupaciones  ciudadanas que ayudaron a la concientización. Lamentablemente, muchos esfuerzos para buscar soluciones concretas a la crisis ambiental suelen ser frustrados  no sólo por el rechazo  de los poderosos, sino también por la falta de interés de los demás. Las actitudes que obstruyen los caminos de solución, aún entre los creyentes, van de la negación del problema a la indiferencia, la resignación cómoda o la confianza ciega en las soluciones técnicas. Necesitamos una solidaridad universal nueva”.

 Nos habla de la contaminación atmosférica, la defensa de los pueblos indígenas y conservación de sus tierras, la basura y cultura del descarte, de la contaminación de los suelos con fertilizantes, insecticidas, fungicidas y agro tóxicos. Del efecto invernadero, de la privatización de los recursos del agua, de la pérdida de las selvas y bosques, de la extinción de especies, del respeto a los pulmones de la Tierra como son la Amazonía y la cuenca fluvial del Congo. Hace especial hincapié en los ecosistemas de las selvas tropicales que son quemadas y deforestadas y en la que pierden la vida numerosas especies. Nos advierte que debemos proteger los océanos ante el descontrol de los recursos pesqueros que provoca disminuciones drásticas  de los caladeros.

 También saca los colores a los dirigentes políticos, lanzando una llamada de atención a la debilidad de reacción política internacional. “El sometimiento de la política ante la tecnología y las finanzas se muestra en el fracaso de las Cumbres mundiales del medio ambiente. Hay demasiados intereses particulares y muy especialmente el interés económico  que llega a prevalecer sobre el bien común y a manipular la información para no ver afectados sus proyectos”.  Es importante que el  Papa reconozca que “si alguien observara desde fuera de la sociedad planetaria, se asombraría ante semejante comportamiento que a veces parece suicida”. Y continúa en su punto 56, que “Los poderes económicos continúan justificando el actual sistema mundial, donde priman una especulación y una búsqueda  de la renta financiera que tiende a ignorar todo contexto y los efectos sobre la dignidad humana y el medio ambiente”.

 Y como no, haciendo gala de su nombre Francisco y de las enseñanzas de San Francisco, patrón de los animales, nos advierte que “Estaría equivocado pensar que los demás seres vivos deban ser considerados como meros objetos sometidos a la arbitraria dominación humana…//…El corazón es uno solo, y la misma miseria que lleva a maltratar a un animal no tarda en manifestarse en la relación con las demás personas. Todo ensañamiento con cualquier criatura, es contrario a la dignidad humana”. 

 En el capítulo quinto sobre algunas líneas de orientación y acción, de nuevo hace empeño sobre la importancia del movimiento ecologista y su trabajo durante años: “El movimiento ecologista mundial ha hecho ya un largo recorrido, enriquecido por el esfuerzo de muchas organizaciones de la sociedad civil. No sería posible aquí mencionarlas a todas ni recorrer la historia de sus aportes. Pero gracias a tanta entrega, las cuestiones ambientales han estado cada vez más presentes en la agenda pública y se han convertido en una invitación constante a pensar a largo plazo.” Y aclara que las cumbres mundiales sobre el medio ambiente, no responden a las expectativas porque, por falta de decisión política, no alcanzan acuerdos ambientales globales realmente significativos y eficaces.

 Tras esta encíclica, nació en la sede comunitaria de la iglesia y en muchas parroquias locales, el movimiento ecologista “Laudato Si”, donde ante el llamado del Papa para cuidar la casa común, muchos fieles comprometidos se están uniendo para poner en práctica los mandatos de la encíclica, con acciones y proyectos que en nada tienen que envidiar a cualquier grupo ecologista. Reuniones, cines fórum, conferencias, acciones activas como la recogida de móviles para su reciclaje, campañas de concienciación sobre la problemática del consumo del aceite de palma, el reciclaje de la basura, la necesidad de parar el consumo abusivo de la ropa y apostar por el intercambio de ropa entre los jóvenes y una infinidad de acciones más, que el movimiento católico Laudato Si se está extendiendo a todos los rincones del mundo.

 Ante la llamada del Papa para animar a los fieles para el cuidado de la casa común, el compromiso de numerosos católicos está aumentando de forma considerable uniéndose para formar un gran frente común en beneficio de la sostenibilidad de nuestro planeta, inculcando a los jóvenes y mayores a participar de forma altruista y voluntaria en las acciones personales, tanto locales como globales.

 La encíclica Laudato Si, no ha quedado como una más dentro del seno de la iglesia, sino que ha sido la llama de una revolución católica que cada vez más, se extiende entre los cristianos que han comprendido la urgente necesidad de actuar ante la claridad y exhortación del cabeza de la Iglesia católica.

 Pero no quedándose ahí y reforzando el Laudato Si, el Papa lanza en octubre de 2023, una Exhortación apostólica denominada Laudato Deum y dirigida a todas las personas de buena voluntad sobre la crisis climática. No sólo a los católicos, sino al mundo entero. En este nuevo llamamiento hace hincapié a lo ya dicho en Laudato Si: “Es indudable que el impacto del cambio climático perjudica de modo creciente las vidas y las familias de muchas personas. Sentiremos sus efectos en los ámbitos de la salud, las fuentes de trabajo, el acceso a los recursos, la vivienda, las migraciones forzadas…”. Nos habla sobre la crisis climática global, nos advierte de las personas que se burlan de la constatación del cambio climático producido por el hombre. Que un bajo porcentaje más rico del planeta contamina más que el 50% más pobre de toda la población mundial y nos dice que: “Me veo obligado a hacer estas precisiones, que pueden parecer obvias, debido a ciertas opiniones despectivas y poco racionales que encuentro incluso dentro de la iglesia católica”. Nos habla de la supervivencia de muchas especies en la que dichas criaturas de este mundo han dejado de ser compañeros de camino para convertirse en nuestras víctimas”.

 Nos pide en este nuevo mensaje a reconocer a las agrupaciones y asociaciones de la sociedad civil que ayudan a paliar las debilidades de la Comunidad Internacional por su falta de coordinación en situaciones complejas y su falta de atención frente a los derechos humanos y reitera que si los ciudadanos no controlan al poder político (nacional, regional y municipal), tampoco es posible un control de los daños ambientales. En este sentido le preocupa mucho las responsabilidades incumplidas de los sectores políticos y la indignación ante el desinterés de los poderosos.

 Lo cierto es, que Laudato Si y Laudato Deum, han impulsado un gran movimiento en auge en todo el mundo sobre el cuidado de la casa común, que no sólo se queda en meras palabras, sino en verdaderas organizaciones altruistas que se están formando en parroquias de todo el mundo, con acciones concretas y un objetivo común que se une al de los grupos ecologistas que desde hace tiempo luchan por lo mismo y de los informes científicos de los expertos que nos anuncian los peligros de la destrucción de la biodiversidad de nuestro planeta a manos de la actividad humana.

 Iglesias referentes como la de Santa María Madre de Dios en Tres Cantos (Madrid), en la que su párroco a instalado placas solares para uso del templo y los locales y viviendas de los sacerdotes y muchas otras iniciativas encaminadas al auto consumo, reciclaje, a la captura del agua de lluvia para regar los jardines, etc. y donde un fuerte Grupo de Laudato Si, está llevando a la práctica las palabras del Papa Francisco y difundiendo su mensaje, son sólo un ejemplo de este gran movimiento ecológico dentro de la iglesia, que la hace ser pionera de una clara revolución católica jamás realizada a los largo de la historia para el cuidado de nuestra casa común: la Tierra.